Olaia Kastresana: Miles de vascas y vascos arropan a la caravana de duelo que la trajo muerta de regreso a Euskal Herria.
Información publicada en GARA el 29 de julio de 2001.
MUERTE DE OLAIA KASTRESANA: ACTOS DE
HOMENAJE
Una caravana de
duelo arropó el regreso de Olaia a Euskal Herria
Ni el Departamento de Interior de Lakua ni la Guardia Civil pudieron poner sordina al dolor de miles de abertzales. El cuerpo de Olaia Kastresana volvió ayer a recorrer la Euskal Herria que dejó hace solo unos días hacia un destino libremente elegido. Mañana a las 9.30, su cuerpo volverá a estar arropado en su camino hacia el cementerio de Polloe.
Ramón SOLA
Olaia Kastresana descansa ya en su tierra. Euskal Herria recibió ayer sus jóvenes restos mortales con una impresionante manifestación de dolor compartido desde Cortes hasta Orereta. Fueron tres horas de recorrido entre ikurriñas con crespones negros, gritos contundentes de apoyo a Kastresana y a la organizó en la que militó, pancartas con muestras de orgullo y compromiso, y gestos de dolor profundo pero sereno, sin estridencias.
Los restos mortales de Olaia le habían sido entregados a la familia en Torrevieja, pasadas las once de la mañana. A sus padres y su hermana les costó tres días conseguirlos, tres días en los que han recorrido cuatro veces el camino de espinas desde el Cantábrico al Levante, tres días de dolor inmenso acrecentado por las 24 horas de desplante judicial, la humillante retención en carretera de la Guardia Civil, la saña de algunos medios de difusión y el intento del Gobierno de Lakua de ponerle veto al duelo popular.
El cuerpo de la malograda joven fue cubierto por una ikurriña nada más salir del tanatorio. A Olaia la esperaban sus padres, su hermana Haizea, otros familiares, algunos amigos y una representación de la izquierda abertzale. Allí cantaron un ''Eusko Gudariak'' cargado como nunca de sentido y de sentimiento, que se repetiría en numerosas ocasiones a lo largo de todo el camino. Media docena de coches pusieron rumbo luego a Euskal Herria, sin saber, aunque sospechándolo, que la Guardia Civil obstaculizaría todavía la llegada del cadáver a Orereta.
Los temores se cumplieron ya treinta kilómetros antes de llegar a Euskal Herria, cuando el coche de la funeraria se vio rodeado por vehículos de la Guardia Civil. Para entonces, los teléfonos móviles ya daban cuenta de que los homenajes previstos por Gestoras pro-Amnistía en cada peaje de la A-15 contaban con unos invitados muy indeseados. En el de Tutera, más de una veintena de personas esperaban con ikurriñas, algunos paradójicamente con la ropa blanca y el pañuelo rojo festivo, rodeadas de uniformados. Lo mismo ocurría en Baltierra, una decena de kilómetros más adelante.
«Vamos a guardar las ikurriñas y a salir a la carretera. Cuando el coche aparezca, las sacamos y que se vean bien». Y así fue. Unos kilómetros después de Tutera, quienes rodeaban a la Guardia Civil eran los abertzales portando crespones negros. Primero fue una treintena de coches solidarios a los que se sumaban otros en cada entrada. Tras pasar el peaje de Imarkoain, se podía contar ya un centenar, pero el número creció todavía más en el de Zuasti. Allí, el instituto armado decidió descargar su impotencia sobre quienes accedían a la zona de servicio. La mejor señal la dio un guardia civil que arrojó al suelo con ira el carnet de identidad de uno de los abertzales interceptados. Un poco más allí, en Irurtzun, cargaron a pelotazos contra quienes esperaban al cortejo, y la entrada desde Leitza también estuvo cortada.
La estela la marcaba el coche fúnebre. Entre la oscuridad y la niebla que envolvía la A-15, el féretro con los restos mortales de la joven de Altza, iluminado, destacaba y lanzaba destellos rojos y verdes, los colores de la ikurriña que lo cubría. Detrás venían los familiares, que habían solicitado que la caravana entrara un momento en su barrio y que Olaia pudiera recibir así el calor de vecinos y amigos que la vieron partir, no hace muchos días, hacia un destino desconocido. Para entonces, sin embargo, se sabía ya que una multitud esperaba en el cementerio de Orereta-Errenteria, y se optó por agilizar el último trayecto.
Al llegar a Gipuzkoa desaparecieron los uniformes y se multiplicaron las voces de dolor y ánimo en la calzada. En Berastegi se sumó una decena de coches con fotos de Kastresana, en Andoain unos 400 vecinos explotaron en una atronadora ovación, en Errekalde cerca de 300 corearon a ETA, y en Pasaia 200 más se lanzaron a la carretera para interrumpir el paso de la caravana y cantarle el ''Eusko Gudariak'' ante un semáforo en rojo.
Esperaba Orereta, que recibió al centenar largo de coches con una hilera de 200 metros repletos de gente con el puño en alto. Con todo, la multitud auténtica esperaba en el tanatorio. Miles de personas, algunas subidas en los muros, trece dantzaris que componían un pasillo de honor, dos gigantescos anagramas de ETA y una gran pancarta con el lema ''Olaia, zure borroka guretzat eredu'' marcaban el final de viaje para el cadáver.
Su llegada fue recibida con gritos de ''Herriak ez du barkatuko'' y ''Olaia, gudari, gogoan zaitugu''. Los padres y la hermana de la joven fallecida, muy enteros, se acercaron al vehículo y recibieron el pésame de Arnaldo Otegi y Rafa Díez Usabiaga, entre otros, y se hizo un silencio abrumador, casi el único, cuando entre todos sacaron el féretro del coche para llevarlo hasta la entrada al tanatorio, donde un pebetero ardía en memoria de Kastresana. Jóvenes representantes de la izquierda abertzale como Araitz Zubimendi o Egoitz Urrutikoetxea colaboraron con ellos. Fueron unos segundos hasta que el silencio se empezó a quebrar con el rumor de los sollozos y de los gritos.
Dos minutos bastaron para que el féretro, cubierto ya con el anagrama de ETA sobre la ikurriña, quedara sembrado de flores. Ante el cuerpo de Olaia, el portavoz de Gestoras Julen Larrinaga se encargó de reafirmar el compromiso de los presentes. «Por encima de la Audiencia Nacional, del Departamento de Interior, de los cipayos y fuerzas ocupadoras, se escuchará la voz de la dignidad», dijo. Larrinaga explicó que Kastresana ha marcado la vía: «El único camino es la confrontación con los estados, y no porque lo hayamos elegido nosotros, sino porque lo han elegido ellos. Frente a ello hemos encontrado la miseria, la traición y la cobardía del PNV, que no tiene sangre para enfrentarse a los estados, sino sólo a la izquierda abertzale», recalcó.
Sus palabras fueron apuntaladas durante casi un cuarto de hora con una sucesión de lemas como ''PNV errudun'', ''Zure borroka jarraituko dugu'', ''Jo ta ke irabazi arte'', ''Borroka da bide bakarra'' o ''Gudariak dira, ez terroristak'', antes de que volviera a oírse «Gerturik daukagu odola bere alde emateko».
Luego, el cuerpo fue introducido en el tanatorio, y una docena de familiares y allegados pudieron encerrarse ya a solas para despedir a Olaia. Queda el trámite de la identificación a través del ADN, que impide de momento cumplir su deseo de ser incinerada. Puede ocurrir el lunes, y tampoco entonces la familia estará sola. La cita es a las 9.30 en el tanatorio de Orereta. *
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